Cuando las sobras son el mejor recurso
El Budín de Pan debe haberlo inventado una abuela que, como yo, no deja que en su despensa nada se pierda y utiliza hasta el más mínimo pedacito de lo que quedó de ayer, para sorprender a sus seres queridos y deleitarse, inventando platillos exquisitos.
Esta vez no voy a inventar nada. El budín de pan es una receta antiquísima, que ha estado en mi cocina desde toda la vida; por eso he decidido compartirla con ustedes.
Empecemos con aprovechar los panes viejos, esos que nos han quedado y ya no nos lo vamos a comer. Últimamente prefiero hacerla con pedazos sobrantes de panes integrales, los que tienen pasitas y otros cereales, y a los que agrego restos de cualquier otro pan.
Usted puede usar la mezcla de panes de su preferencia, sólo tenga cuidado de escoger sobrantes de varios tipos de panes y prefiera los dulces a los salados.
Es importante también remojarlos muy bien en leche completa, y si usted quiere, “condimentar” esa leche con un poco de esencia de ron o un chorrito de vainilla, así su budín quedará impregnado de ese sabor con antelación.
Lo demás que tiene que hacer es mezclar, a mano, el resto de los ingredientes. Yo siempre bato un poco los huevos antes de agregarlos para asegurarme de su consistencia espumosa y, pero nunca uso batidora o licuadora. Este pastel no requiere ser una mezcla homogénea.
Además he descubierto que dejando a la mezcla un cierto aire de rusticidad, logro una apariencia como de pastel marmoleado que es de lo más agradable.
Para servirlo, me gusta dejarlo enfriar a temperatura ambiente y bañarlo con un sirope de azúcar y clavos de olor, que preparo yo misma. Recuerde que las pasitas son indispensables y que es mejor hacerlo y servirlo inmediatamente. Este es un pastel que no mejora mucho cuando se guarda.¡¡Buen provecho!!



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